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“Obligados a partir”: el viaje de Soly Dunia.

6 historias de personas que se escogieron la opción de un viaje difícil y contra todo por lograr alcanzar Europa.

Como si de una entrevista se tratase, el libro « Obligados a partir » nos cuenta la historia de Soly Dunia y otras cinco personas que emigraron de sus países de origen en busca de un futuro mejor. La de Soly es muy parecida a la de otros jóvenes que probaron suerte subiéndose a un barco para labrarse un futuro para ellos y sus familias.

Soly nació en una familia relativamente acomodada en Senegal. Sin embargo, todo cambió cuando a su padre lo echaron del trabajo. Pensando que ahí no había nada para el, probó a marcharse « de viaje » hacia Europa, a través del desierto y del mar.

Su primer intento, en 2006, no fue bien y pasó muchas dificultades que nos cuenta en el libro. Le llevó tiempo, trabajó duro, lo engañaron y hasta le apuntaron con un arma en Marruecos. Todo para acabar volviendo a Senegal tras ser entregado a la policía en Mauritania. El “peso del fracaso” que, según dice, fue lo más difícil de todo, puesto que su familia se lo “reprochaba con la mirada”. Solo su madre entendía todo por lo que había pasado y le consolaba “lo más importante es que estás vivo, que te tengo aquí“.

En su segundo intento tuvo más suerte. Partió por mar desde El Aaiún hacia Canarias en un barco al que subió de milagro, mientras otros quedaron en tierra. El motor se estropeó y estuvieron a la deriva hasta ser rescatados por Salvamento marítimo. Tras casi un mes en un CIE en Canarias, pudo salir e ir a Granada.

Estos sucesos ocurrieron entre 2006 y 2007. Después de muchos años, Soly ha conseguido formarse, trabajar e incluso fundar una asociación llamada “Dunia Kato“, que colabora con el proyecto « Origen » de Open Arms en Senegal. Preguntado por si volvería a hacerlo, responde positivamente, «pero reduciendo los riesgos » apunta.

El de Soly Dunia es uno de esos pocos casos en los que, tras un viaje lleno de incomodidades e incertidumbres, se alcanza el objetivo. Después de dos intentos y de varios años trabajando de forma irregular, ha conseguido legalizar su situación y acceder a la vida por la que ha trabajado. Sin embargo, lejos de recomendar seguir su ejemplo, Soly anima a los jóvenes a perseguir sus sueños pero sin arriesgar su vida por el camino. Para él es mucho más recomendable intentar medrar en el país de origen y utilizar el dinero ganado para conseguir una situación que permita acceder a un visado e ir a Europa por las vías regularmente establecidas.

Una plaza en un cayuco puede costar de 1500 euros para arriba y no garantiza de ninguna manera el éxito ni la posibilidad de quedarse. Además implica arriesgar la vida en múltiples ocasiones: como el propio Soly ha comprobado, el mar no es el único peligro, también lo son las patrullas fronterizas de los países de tránsito, como Marruecos, Argelia y Mauritania, así como el propio desierto que hay que cruzar hasta llegar al Mediterráneo. Por otro lado, un vuelo de Senegal a España cuesta apenas unos 200 o 300 euros y está respaldado por garantías legales. Es, por lo tanto, mucho más aconsejable esperar y trabajar allí donde uno puede hacerlo regularmente, para usar los frutos de ese trabajo para construir una nueva vida en Europa, pero siempre de forma regular, siempre de forma segura.

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